¡Qué fácil has venido
a mi voz, y en qué instante!

Como la borrasca desatada en el cielo vacilante

tu canción me abrumó de a pocos.

Finalmente me vencieron tus ojos,

dos veleros frente al puerto del olvido.

Ahora eres tú mi poesía sin destino,

perdida en la altamar de la nada.