Me abandonó tu sombra con despecho
medió la sinrazón, tu fortaleza.
Me angustia perseguirte, sin certeza
de calmar mi dolor, insatisfecho.

Dejaste en mi inocencia, ya maltrecho,
mi alma descosida en la tristeza,
hundida por la flor de tu belleza,
con ansias de ternuras en el lecho.

Añoras, según dices, las caricias,
las cosas que ahora sigues recordando,
flotan sobre las aguas del olvido.

No volverán jamás tantas delicias
al lóbrego jardín que habitas, cuando
tu laurel floreció y me has vencido.