Según me venga, así lo recojo.
Regalo del cielo, que da la tierra.
Qué bien sienta en la húmeda sierra,
siendo verdad y no un trampantojo.

Da igual dura, a medias o con gorgojo,
a la necesidad nadie se cierra.
Pues si llena, a buen seguro no yerra,
que la comida nunca es un antojo.

Aunque no soy yo de la hacienda el amo,
sé que de amor me lleno dulcemente,
y en voz a borbotones me derramo

si mi dueño me trae, tiernamente,
un par de mazorcas cuando le llamo
y además me saca agua de la fuente.