Sé que de nada vale este reclamo
tan estéril, tan mudo, tan urgente.
Que mi verso salpica incoherente
en los dioses benditos que yo aclamo.

Sé que en vano la invoco y la proclamo
en medio del asombro de la gente.
Sé que de amor me lleno dulcemente
y en voz a borbotones me derramo.

Que pronto caerá en un descenso,
más abajo del mármol y del llanto,
más allá del dolor y del suspenso.

Pero quizás la fuerza de este canto,
desgarrador, loco, y tan intenso,
la levante por fin del camposanto