Del confuso sueño
en el alto palacio de negros mármoles;
cayendo va blandamente tu cuerpo
en aquel seno oscuro,
apoyándose van tus labios secos
sobre las aguas turbias del interno arroyo,
abandonando todo el ímpetu
sobre las baldosas frías.

Sentida lombriz casi de hielo,
tu cráneo no será nada;
las cosas que ahora sigues recordando
flotan sobre las aguas del olvido.
Tu cuerpo, casi yerto; tu anhelo, ya arrastrándose
tras las huellas de un quimérico lirio.