Las cosas que ahora sigues recordando flotan sobre las aguas del olvido:
toda esta luz que se pudre después de ciento ochenta amaneceres,
de sexo pegajoso y de abrazos enfermos por llegar a alguna parte.
Toda esta luz que sale por mi boca y que es síntoma y carencia de la angustia
Toda esta luz que resbala por el quicio de mi espalda
y te desdice.
Toda esta luz
que ya no es nada.