¡Caramba!, cincuenta años no son un día, sin embargo,
parece que velo de la novia resbala aún más lento,
los años causan estragos y mi cuerpo se marchita,
aunque la mente la tengo vivita y me sigue relinchando;
galopa desbocada y las cosas que ahora sigues recordando
flotan sobre las aguas del olvido.

Mis memorias, tus compromisos, y ¿si la vida fuera vicio?,
Nuestros escritos son nuestra inmortalidad, sigue eterno, sigue vivo.
Dame tregua hermano querido, que necesito un respiro, al sucumbir ante la iridiscencia de una burbuja jabonosa que surge mientas me enjuago el rostro con agua fría del tétrico servicio de este espacio yerto. Me pareció mirarte.

Se nos quedó pequeño el parque, la ciudad, el mundo entero,
las cenizas de tu pelo y las mías ya se juntan, te sigo a la sepultura mi querido compañero. Un último suspiro y mi más lastimero lamento, desde el frailejón.