Mi muy estimado yo,
no quiero obligarte a como tienes que pensar,
solo te digo que cambies.

Deja esa ira atrás y acepta el perdón,
te darás cuenta que el rencor no vale la pena.
Las cosas que ahora sigues recordando
flotan sobre las aguas del olvido.

Quizá me creas loco por lo que digo,
aunque comprenderás la lección que te dejo.
Si bien nuestro inicio el mismo,
el camino que escojamos marcará nuestro destino.