El río se demora como un eco que repite lobos desmembrados,
como si el tiempo ascendiera hacia el naufragio,
para borrar los nombres de la ceniza.
Las cosas que ahora sigues recordando
flotan sobre las aguas del olvido.
No es la memoria la que se derrumba en la cacería. Ni sus armas sapienciales.
No es el insomnio lo que sostiene la gravedad de la noche.
Es el tercio lúcido de la embestida.
El que dice para siempre todas las cruces de la sangre.