Las cosas que ahora sigues recordando
flotan sobre las aguas del olvido.
A nadie le interesa la razón
o la sinrazón sino el hundimiento.

Sabes que era tiempo de mutilados,
de aguas teñidas de hambre y cieno.
Tiempo donde no debió de haber hombres
o se desconocían y era raro el sueño.

Por las calles se aparecían máscaras
y estaba consagrado el éxtasis y el llanto.
Las amapolas se comían a los muertos,
tener necesidad era avaricia
y no era espurio el día inútil.