Casandra saborea los minutos y sus ganas de amar.
La ciudad se vuelve una nube que encandila.
Sé que de amor me lleno dulcemente.
Ella se muda a la casa que aún baila en su mente.
Imagina y llena su boca con un espejismo, un beso que sólo presiente;
sus palabras salvan la tarde, calientan su interior, puede leer el destino,
pero nadie la escucha. Al salir, Casandra cubre su cuello,
el aire helado intenta volar sobre su Troya ardiendo.
Él está en la otra banqueta y Casandra le susurra con frío,
y en voz a borbotones me derramo.