Se está rompiendo el alba en mil reflejos, amenaza en colores de otro encuentro.
Espejos de charol se desmoronan, rendija a rendija, entre los montes.
Se desnuda provocante tan sólo cubierta por la gasa brumosa de la niebla
difuminando pinceladas de neón allá donde la tierra y nubes simulan horizontes.

Succiona la alborada la pulpa de la noche. El horizonte repleto de hilos cárdenos
cual fulgentes retazos de acuarela preñadas de imágenes que manan del recuerdo.
Mis ojos entreabiertos intuyen tu silueta que, aunque lejos, inunda mis pupilas.
Acaricio tu no estancia impenitente. Mis dedos destilan inquietud y deseo.

Amnésico del mundo, me refugio en tus labios.
Las cosas que ahora sigues recordando
flotan sobre las aguas del olvido.

Recuerda mi conciencia tu vientre temerario,
provocando insolente tu regreso anhelado
con el anoche arrinconado duende del vino.