Desdibujamos esa línea abstracta
que dividía el amor de la amistad,
y entonces me lloraste a mares
y así fue como te amé sin querer.
Un cementerio de ilusiones
lleva por nombre tus manos en piel,
lamento haber volteado las cenizas,
pero ya no queda arena que comer.
Suéltame despacio y casi sin tocarme,
pero suéltame rápido que urge el camino,
las cosas que ahora sigues recordando
flotan sobre las aguas del olvido.
Ahora sólo queda volver a dibujarnos…
pero tú en tu planeta, yo en el mío.