Sentada en un banco, frente al hospital,
una noche trémula, de luna apaciguada,
le leo poemas a tu foto,
maltrecha y desgastada.

“Sé que de amor me lleno dulcemente
y en voz a borbotones me derramo”.
Sé que estás en una habitación ermitaña,
con tus cabellos ceniza, y tu respiración de páramo.

Sé que esta noche, como tantas otras noches,
mendigo a la nada,
para que sea mañana el día,
en que pueda besar,
otra vez,
tu sonrisa enamorada.