Aunque no sepa de este llamado de palabras,

de esta resurrección apócrifa de roídas imágenes

con la que reconstruyo la vida que más quiero

¡Qué fácil has venido

a mi voz, y en qué instante!

Me recuerdas, verso mío, que todo es lo mismo y no,

que estas madreselvas del jardín, en flor, como en el tango, y

tupidas, como en las rimas, son, en cambio, las de la vida.

Son otras y las mismas, porque es igual y otra la pared

y yo también soy otro siendo el mismo.

Están bajo ese eterno cielo, con su luna, su estrella y su misterio.

¡Qué fácil has venido a recordarme, verso mío,

Que todo es lo mismo y no…