Sé que de amor me lleno dulcemente,
y en voz a borbotones me derramo,
sé que siento intensamente
y que tiendo a dañar a lo que amo.
Sé que muero lentamente,
que pierdo la cordura sin razón,
sé que vivo alegremente
y escucho demasiado al corazón.
Mas es mi vida castigo suficiente,
yo la vivo y vivo cual ladrón.
Son las musas las que anidan en mi mente
y me mantienen gritando «¡Rebelión!»