Las cosas que ahora sigues recordando
flotan sobre las aguas del olvido,
se me dice a los ojos y tiemblan mis manos,
como mesa descalzada en el cénit de un terremoto.

Sabemos que sólo somos presente y memoria.
Sabemos que moriríamos si ambas no aparecen,
activas y resueltas en el lugar ignoto donde guardamos
aquello que sustituyó a la ya vetusta alma.

Por tanto, duele asomarse a ese abismo y entender
que tal vez mis recuerdos se hundan miserablemente
en el, por más que necesario, terrible olvido.

Imagino que solo queda mantener a flote
aquello que antes era mi alma y esperar,
tras la tempestad, los versos, aún mojados.