Resbalo por la noche, paso a paso,
la niebla es mi paraguas, blanda y leve,
se apoya entre mis labios con pétalos
de besos distraídos. Murmullan siete
campanadas y un dulce cascabel,
que sueño tu reír en las corrientes
y en sombras que perfilan tu silueta,
sé que de amor me lleno dulcemente,
y en voz a borbotones me derramo
en sueños. Y tus manos aparecen,
ramos de hojas trenzadas con la luna
calcinando esta noche de noviembre,
y no es tu luz… Otra vez pido a los dioses
volver contigo a nuestro hogar, la muerte.