Vacío de mí voy por contenerte,
sin lastre, hacia el milagro
de un vuelo en esa música profunda
que enlaza nuestro canto.

Ligero recipiente,
sé que de amor me lleno dulcemente
y en voz a borbotones me derramo,
pero es toda silencio:
más hondos, de un caudal más puro brotan
los signos con que hablamos.

No imita nuestra lengua un verbo ajeno,
y el sueño que habitamos,
tan cierto y elocuente, no se enturbia
del otro mundo afuera, tan extraño.