He venido a la orilla con los brazos tendidos
y ahora ya soy la hierba que no termina nunca.
Soy el águila que sobrevuela la montaña sagrada
en la que las huellas de los hombres mancharon la tierra,
esa tierra que no por dura deja de sentir el peso del dolor.
Aquí me quedaré a esperar el fin de los tiempos
junto a los manantiales de leche agria y olor canela,
anhelando crecer, de nuevo, en los campos secos de mi sur
y en las aguas de la mar que reciben a todo el que busca
volver a ser fértil en este barrio de miseria.
Queda siempre un halo de esperanza en el amor
que la naturaleza siente por sí misma.

  • : he_leido_y_estoy_conforme_con_la_política_de_privacidad_y_las_bases_de_este_concurso.