Dejé mi nombre al borde del agua.
El mar no preguntó de quién era.
He venido a la orilla con los brazos tendidos
como quien aprende a soltar sin perder.
Después pasó la tarde sobre mí,
despacio, como pasan los años.
Nadie recogió mi nombre de la arena.
Pero algo de mí se quedó creciendo,
y ahora ya soy la hierba que no termina nunca…
la que nadie sembró y nadie reclama.
Tal vez vivir consista en esto:
dejar de buscarse y aprender a quedarse.

  • : he_leido_y_estoy_conforme_con_la_política_de_privacidad_y_las_bases_de_este_concurso.