He venido a la orilla con los brazos tendidos,
huérfano de calor y el zurrón sin aperos,
sitibundo y descalzo, lejos de donde quiero
y herido en el costado por el amor perdido.

He llegado con fe como un pobre velero
que no puede encallar donde habita el olvido,
sin porta, sin pescante, desnudo y desnutrido
a encontrar tu refugio paterno y verdadero.

Hay tanto amor varado en ciudades sin puerto
que no me queda un pecho que abrigue mis pesares
ni un sol que me caliente al despuntar el día.

Quizá tus oleajes descubran mi camino
por donde deambular sin esperar consuelo
y ahora ya soy la hierba que no termina nunca…

  • : he_leido_y_estoy_conforme_con_la_política_de_privacidad_y_las_bases_de_este_concurso.