Florecí en pleno invierno, en el amanecer de mi otoño;
pensé que sería bueno abrirle mi corazón,
pues creía que el breve sol de su alma me recibiría.
Lo solté todo como una cántara quebrada,
pero caí al vacío, preso de mi confesión.

Florecí por un par de horas,
cuando debió ser una eternidad.
En un precipicio sin fondo parí la verdad.
He venido a la orilla con los brazos tendidos
y ahora ya soy la hierba que no termina nunca…

La verdad no me liberó,
se volvió contra mí y me marchitó.
Nunca debí…

  • : he_leido_y_estoy_conforme_con_la_política_de_privacidad_y_las_bases_de_este_concurso.