Quise enseñarle al agua
la obediencia de la piedra,
quise que todas las manos
me devolvieran las mías.
Pero la muerte no espera
ni el río aprende a quedarse.
Dejé marchar lo que amaba
sin arrancarle sus raíces,
He venido a la orilla con los brazos tendidos
y ahora ya soy la hierba que no termina nunca.
- : he_leido_y_estoy_conforme_con_la_
política_de_privacidad_y_las_ bases_de_este_concurso.