Crujid, hojas secas, cuando os pise, pues solo así sabrán que un día fuisteis vida.
Y replicad fuerte, campanas, que mi hora está a punto de llegar.
He venido a la orilla con los brazos tendidos.
Alfonsina, aguarda, que pronto voy a llegar.
El reloj va marcando mi camino, olas y tempestad.

Ahora ya no siento el frío, ni oigo a los ruiseñores cantar.
Mi corazón, inerte, ya no responde; ha llegado el juicio final.
Madre, no llores, aunque nunca más vaya a regresar,
pues en el fondo he encontrado mi sitio, en el fondo está mi hogar.

Siempre quise ser eterna, y la eternidad he ido a buscar,
y ahora ya soy la hierba que no termina nunca…
Nunca, jamás.

  • : he_leido_y_estoy_conforme_con_la_política_de_privacidad_y_las_bases_de_este_concurso.