Llevo en el alma la llama amarilla que luce
negra a veces, violeta en los versos violentados
por el alba, tan quietos estaban en la noche,
tan temerosos y tímidos, tan tenebrosos…

Las yemas pegadas al lápiz, las llagas llenas
de sangre y de grafito, hundido el corazón
en grava, grigio de tanto escribir y llorar,
de tanto gritar a la ignorancia aterradora.

He venido a la orilla con los brazos tendidos
y ahora ya soy la hierba que no termina nunca…
¿Y qué si quiero ser agua, aunque sea sucia?
Agua de un vaso de verso vertido en basura.

  • : he_leido_y_estoy_conforme_con_la_política_de_privacidad_y_las_bases_de_este_concurso.