Cuando te veo a lo lejos,
atravesando el descampado,
sé que de amor me lleno dulcemente,
y en voz a borbotones me derramo.
Mis palabras querrían tropezarse contigo,
decirte que me gustas, si me atreviera,
y mentiría
si digo
que me atrevo
porque la verdad es que me da miedo
volverme una estatua de sal,
si no me miras, si no te giras.
Si todo sale mal.
Al menos tengo mi voz.