Desorbitadamente quieta
está la noche entre los dos,
entrelaza los átomos,
las miradas, y con el calor
de ambos sexos, nos reencarna
en la alegría de la vivencia
que transciende,
quizá, más allá
de la física cuántica
y al remover los sentidos
sonríen las entrañas
por ese amor fulgurante.