Soñabas en la arena con luz de madrugada
el fruto de mis brazos, la paz de tus latidos;
tu vientre abrió su nido de pájaros dormidos,
rendida ante el milagro de ser multiplicada.

Nutriste con tu pecho mi boca desolada,
tus ojos fueron astros, a rumbos bienvenidos,
siguiendo hasta tus palmas mis pasos atrevidos
brotando entre mis labios la fruta pronunciada.

Por ti palpo la tierra, me baño en la corriente;
contemplo al manso ciervo en pastos florecidos,
y en su mirada entiendo la gracia del naciente.

Fui el sueño de tu carne, mi tallo se bifurca,
he venido a la orilla con los brazos tendidos
y ahora ya soy la hierba que no termina nunca…

  • : he_leido_y_estoy_conforme_con_la_política_de_privacidad_y_las_bases_de_este_concurso.