He venido a la orilla con los brazos tendidos
y ahora ya soy la hierba que no termina nunca…
la tarde se ha dormido sobre mi vida trunca,
y el mar guarda en su espuma mis sueños sumergidos.

Ya no espero tus pasos, tus manos, tus latidos;
la noche me atraviesa con su paciencia lenta,
y hay una luz perdida que todavía me inventa
cuando el viento perfuma los juncos florecidos.

Quizá vuelvas un día, cuando nadie te nombre,
cuando el tiempo haya ajado tu mirada de hombre
y encuentres bajo el cielo mi sombra entre la arena.

Comprenderás entonces sin mínimo reproche,
que fui sólo una espera creciendo con la noche
hasta volverme eterna, silenciosa y serena.

  • : he_leido_y_estoy_conforme_con_la_política_de_privacidad_y_las_bases_de_este_concurso.