He venido a la orilla con los brazos tendidos
y ahora ya soy la hierba que no termina nunca,
una alfombra de venas que la marea trunca
donde encallan los astros que cayeron vencidos.
Soy un tapiz de musgo sobre espejos partidos,
bajo un cielo de plomo que la noche machaca;
el faro es una herida de luz que se opaca
entre los esqueletos de barcos hundidos.
El mar esculpe el llanto con su cincel de sal,
deshace mi silueta de niebla en la roca,
volviendo mi agonía un vitral de cristal.
La eternidad me traga, el abismo me toca:
ya no soy la memoria de un cuerpo mortal,
ahora soy el eclipse que te quema la boca.
- : he_leido_y_estoy_conforme_con_la_
política_de_privacidad_y_las_ bases_de_este_concurso.