Hay vínculos de excelsa arquitectura
que ni el rigor del tiempo desmorona
ni la postrera ausencia deshabita.
Dos almas se conceden la ventura
de perdurar más allá de sus nombres,
en la secreta heredad de lo vivido.
He venido a la orilla con los brazos tendidos
y ahora ya soy la hierba que no termina nunca…
No he de buscar tu rostro entre las aguas,
pues arraigaste en mí cuanto era tuyo;
y aquella tierra que creí desierta
guarda el fecundo aliento de tus días.
Así, cuando la muerte nos reclame,
¿cuál de los dos habrá de ser su ausencia?
- : he_leido_y_estoy_conforme_con_la_
política_de_privacidad_y_las_ bases_de_este_concurso.