He cruzado el océano en busca de una Ítaca
que solo existía en mis noches más tristes.
Navegué por la niebla de un tiempo sin puerto,
con un mapa de ausencias latiendo en las manos.
He venido a la orilla con los brazos tendidos
y ahora ya soy la hierba que no termina nunca
de crecer en tu cuarto y perfumarlo todo.
Me he quedado en el aire que rozan tus pasos,
en el silencio tibio que habita tu pecho
y en la sombra paciente que cuida tu calma.
Antes de que el alba me despierte del sueño,
he de arañar otra noche al reloj de arena,
pedirle al cielo que demore la luz
y a ti, dulcemente, que me perdones la vida.
- : he_leido_y_estoy_conforme_con_la_
política_de_privacidad_y_las_ bases_de_este_concurso.