Me enmudece el rocío y la escarcha del mañana,
no soy más que viento cansado y poeta perdido.
He venido a la orilla con los brazos tendidos
y ahora ya soy la hierba que no termina nunca.
He desgarrado mis raíces con agua hirviente
y aún me aferro al campo danzante con polen de libros.
Rendido, me consumo en arena caliza,
me debilito y tiemblo por las letras que tejen el tiempo.
Cierro mis brazos, limpio mis esdrújulas y deseos,
para fundirme en el borde de un sopor eterno.
- : he_leido_y_estoy_conforme_con_la_
política_de_privacidad_y_las_ bases_de_este_concurso.