Anduve lejos del calor torpe
aceptando que el roce sordo,
mata.
Así,
enfermaron mis palabras
y nada pude hacer con las ansias.
He venido a la orilla con los brazos tendidos
y ahora ya soy la hierba que no termina nunca.
Envuelta en el ego de la pena lastimosa,
asomado a la tumba de mis intentos.
Afuera,
solo queda la ventana vacía,
mirando fija
el bosque de mi alma.

  • : he_leido_y_estoy_conforme_con_la_política_de_privacidad_y_las_bases_de_este_concurso.