Mi padre me enseñó a nadar sin agua, tumbados en la hierba, braceando el aire.
«El río se aprende primero con los ojos cerrados», decía.
Después crecí, el río menguó, vendimos la casa con su higuera dentro.
Hoy vuelvo con las manos llenas de todo lo que no supe guardar.
He venido a la orilla con los brazos tendidos
y ahora ya soy la hierba que no termina nunca…
Me arranca el viento y regreso; me quema agosto y regreso.
Abajo, en la raíz, alguien me sigue enseñando a flotar.
Que suba el agua cuando quiera.
Ya sé nadar.
- : he_leido_y_estoy_conforme_con_la_
política_de_privacidad_y_las_ bases_de_este_concurso.