Mi madre no miraba el río: lo escurría.
Lo retorcía en las sábanas
y el frío le subía por las mangas.
Yo contaba los saltos de una piedra.
Para mí, el agua no pesaba.
Tardé años en poder levantar su cesta.
He venido a la orilla con los brazos tendidos
y ahora ya soy la hierba que no termina nunca…
Suelta la cesta, madre.
Túmbate aquí.
Que espere el mundo
con la camisa sucia.
- : he_leido_y_estoy_conforme_con_la_
política_de_privacidad_y_las_ bases_de_este_concurso.