Acércate, no temas, no huyas, niña de mi vida,
todo lo que soy, lo que tengo y aún me falta,
juro que te pertenece, donde mi alma aguarda

Pues, aunque me observes sin mi quimera,
cual wendigo envolviéndose entre tormentas,
seguirás siendo mi dulce y pequeña princesa.

Mira, he venido a la orilla con los brazos tendidos,
y ahora ya soy la hierba que no termina nunca…
Mas el camino de abrojos del que juntos hablamos
hacen que llores y se marchiten las flores.

¿Aún me quieres después de este lustro?
Siento que la primera vez que volví a verte
estabas taciturna, sentada bajo la nieve,
mirando desolada más allá de las montañas.

  • : he_leido_y_estoy_conforme_con_la_política_de_privacidad_y_las_bases_de_este_concurso.