Verónica, niña mía, morena de verde luna,
igualita que una espiga, pegadita a mi cintura.

Tu cara plagada de pecas, parece una noche estrellada,
por donde los sueños caminan a la búsqueda de un hada.

He venido a la orilla con los brazos tendidos
y ahora ya soy la hierba que no termina nunca…

Cuando crezcas como el trigo y te me alejes mañana,
si el viento acaricia tu pelo, será mi amor quien te abraza.

A la sombra de mi enagua y entre pliegues de mi falda,
entre el arco de mis brazos, tienes mi sitio, mi alma.

  • : he_leido_y_estoy_conforme_con_la_política_de_privacidad_y_las_bases_de_este_concurso.