El viento de cada tarde me acompaña en mi paseo hasta el río, rutina de solitario caminante, de amante de las hojas caidas, de partidario del limpio silencio.
He venido, sí, como afirmaba Cernuda.
He venido a la orilla con los brazos tendidos
y ahora ya soy la hierba que no termina nunca.
Sentado junto al húmedo cauce, pienso en el ilustre sevillano, elegantes y medidos pasos de baile hacia la muerte, tan celebrada en su exilio mexicano,
refugiado en casa ajena, en patria lejana,
amparado en el lenguaje, madrastra envolvente.
Deambulo mientras la luz desaparece,
buscando, siempre buscando, mi silencio.

  • : he_leido_y_estoy_conforme_con_la_política_de_privacidad_y_las_bases_de_este_concurso.