Tengo alma de poeta, corazón delator,
con los pies enterrados en tierra, esperando que florezcan palabras de entre mis dedos.
Siempre una tormenta en mi cabeza, una nube traviesa,
que no sé si es por el humo de mis pensamientos o mis extrañezas,
o tal vez por culpa del espesor de mi cigarro hecho cenizas.
Soy mar creado por lágrimas de lluvia,
he venido a la orilla con los brazos tendidos,
y ahora ya soy la hierba que no termina nunca.
A veces incomprendida, atrapada en mi mundo de maravilla,
pero pocas veces en mi infierno caliente, ese que surge en lo más profundo de mi mente.
Escondo todo en las esquinas, mis verdaderos sentimientos entre repisas,
temerosos de ser vistos, temerosos de ser olvidados, incoherentes por sí solos,
pero con aún más miedo de no ser aceptados.
- : he_leido_y_estoy_conforme_con_la_
política_de_privacidad_y_las_ bases_de_este_concurso.