Dicen los médicos que no tardarás
en olvidar nuestros nombres.
Las cosas que ahora sigues recordando
flotan sobre las aguas del olvido,
arrastradas por la implacable corriente
que erosiona poco a poco tu memoria.

Sentada sobre los guijarros,
testigo impotente de esta imagen,
busco tu mirada perdida y envuelvo
con las mías, tus temblorosas manos.

No tengas miedo, estoy contigo.
Mañana, aunque no me reconozcas,
volveré para contarte tu propia historia.