Los chicos de la esquina, bajo la farola,
perdidos en el bulevar sin casa,
se topan cada noche con el señor Julián,
un viejo de estudios que se quedó sin puerto
donde amarrar.
Y buscando calor empezó a recitar:

«He venido a la orilla con los brazos tendidos
y ahora ya soy la hierba que no termina nunca…

Y caeré tendido al piso
mientras en las estrellas busco respuestas;
mi religión no es la de los poetas.

Pues me marcho, chicos: la noche es joven
y no perdona desvelos de un catedrático caído en faltas.

¿Y el whisky, dónde lo esconden?»

  • : he_leido_y_estoy_conforme_con_la_política_de_privacidad_y_las_bases_de_este_concurso.