Por alzar los brazos suplicantes hacia una luna de fuego
Que nos acerca al cielo de una noche estrellada y turbulenta, yo
Qué no daría.
Por pisar la enjalbegada ermita como un cristiano más que no sufre
La zarpa del hierro y la intemperie, yo
Qué no daría. Por saber que
Las cosas que ahora sigues recordando flotan sobre las aguas del olvido
Yo, qué no daría.
Por dejar la noche dominarse a sí misma sin otro más oscuro manantial,
Sin otras lágrimas que nos impidan sonreír en mitad del llanto, yo
Qué no daría. Por poder decir: todo está escrito. Cierro el cuaderno.
Tiro las alforjas. Finalizó el retiro y los días ya
Son sólo algas, inasequibles quimeras, yo
Qué no daría.