He venido a la orilla con los brazos tendidos…
El agua me llamaba con su voz de cristal.
Traía en las manos un puñado de olvidos
y el viento deshacía mi sombra sobre el mar.

La tarde se inclinaba como un sauce dorado,
el río abrió en mi pecho su camino secreto.
Bebí la luz quebrada, el silencio del prado,
y eché raíces lentas en el tiempo callado.

Y ahora ya soy la hierba que no termina nunca.
Soy pulso de las aguas, memoria del viento,
la hoja que se alza cuando la noche es desnuda,
y el canto que regresa desde el último aliento.

  • : he_leido_y_estoy_conforme_con_la_política_de_privacidad_y_las_bases_de_este_concurso.