El porqué del insomnio:
en delicadas nomenclaturas de elementos
y no sé qué nostálgicas heridas…
Sé que de amor me lleno dulcemente,
y en voz a borbotones me derramo…
Se templan las cananas,
apenas duelo en calma y ojos zafios
en restricción, diedros.
Y de cada viaje debo tanto y tanto…

Lo que ha de venir, con mi locura:
lo que no: líneas a la vertical,
todas en pie, cual código sintético.

Es un simple detalle,
que de tan lúdico, es casi infantil.