Siento envidia del viento, de la sal, de la bruma,
de la arena que pisas con firmeza,
de las olas que reflejan tu figura.
Ubicua en cada espacio, constante y vibrante,
con esa luz discreta que al mundo enamora.
He venido a la orilla con los brazos tendidos,
atraído por la fuerza invisible de tu sonrisa,
para dar gracias a la vida por compartirte
en este tiempo efímero,
mientras los días se escurren como agua entre las manos:
ayer te tenía al lado… y hoy te busco entre los años.
Y al final, ante tu huella que se aleja,
prisionero quedo de tu recuerdo,
y ahora ya soy la hierba que no termina nunca.
- : he_leido_y_estoy_conforme_con_la_
política_de_privacidad_y_las_ bases_de_este_concurso.