He venido a la orilla con los brazos tendidos,
buscando el calor de tu cuerpo,
dos colores fundiéndose por primera vez.
Pero la orilla es un límite lejano
y al tocarte me deshago en la corriente.
Ya no hay un tú ni un yo.
Somos cera de diferentes velas derretidas juntas,
dos cuerpos atrapados en una misma órbita,
colapsando por su propio peso.

Un otoño sin viento los desploma,
y ahora ya soy la hierba que no termina nunca…
empeñada en crecer.
Invadiendo, infestando.

  • : he_leido_y_estoy_conforme_con_la_política_de_privacidad_y_las_bases_de_este_concurso.