La tenue vida, suficiente alcanza
este fervor de padre, y fiel golpea
mi corazón, mi núbil dulcinea,
me llena, niña y bella, de esperanza.

Me atrapa su fulgor en esa danza
de risas y de gritos, la marea
de sueños, en mi playa, me rodea,
y crece, entre mis brazos, su confianza.

Cuando viene hacia mí, cuando la llamo,
sé que de amor me lleno dulcemente
y en voz a borbotones me derramo.

Esta niña es mi luz y mi presente,
y no me canso de decirle ¡te amo!
sin importar el qué dirá la gente.