En la fragua vacía, del yunque frío aún sube el rescoldo de la noche.
La quemadura en mis dedos recordaba el hierro al rojo que templaste en el cubo.
Al dejar el martillo entre la bruma, solo el canto de un pájaro tiembla en el marco oxidado.
Siguiendo tu sombra hacia el cauce, pisé descalzo la arena mojada de rocío.
He venido a la orilla con los brazos tendidos
y ahora ya soy la hierba que no termina nunca…
Aguardo a que la hoz que forjaste venga en silencio a segar mis tallos.
Solo la savia verde que brote del corte mojará por fin tus palmas resecas.
Entre el hierro que se apaga y el pasto que crece, sostenemos una misma lumbre.
Por helada que baje la corriente, mis raíces en el barro no sueltan tu nombre.
Quítate las botas pesadas de ceniza y duerme sin miedo sobre mi verdor.
Para mecer tu sueño bajo los chopos, cada mañana renazco en esta ribera.
- : he_leido_y_estoy_conforme_con_la_
política_de_privacidad_y_las_ bases_de_este_concurso.